Son una forma llamativa de poner algo más de verde en el gris de las ciudades y se supone que un buen sistema para mejorar el confórt y la eficiencia de los edificios. Pero, ¿hasta qué punto pueden las cubiertas vegetales, los tejados tapizados con plantas, comportarse como sumideros urbanos de CO2 para luchar contra el cambio climático? De acuerdo a un nuevo estudio realizado por investigadores de Michigan (EEUU), la fijación de carbono en estas cubiertas verdes no es muy alta, pero sí puede llegar a ser significativa.
El trabajo
publicado en Environmental Science & Technology se basa en dos estudios diferentes: uno con ocho cubiertas vegetales de Michigan y cuatro de Maryland, y otro con 20 parcelas en la cubierta de un edificio del Campus de la
Universidad Estatal de Michigan. A diferencia de algunas cubiertas de tipo intensivo que incluyen arbustos y que se asemejan más a la vegetación natural del suelo, todas las plantaciones analizadas por los investigadores eran en extensivo, es decir, formadas por herbáceas (en concreto especies del
género Sedum), en sustratos de poca profundidad (menos de 15 centímetros) y con un mantenimiento mínimo.